Je t'aime Matisse
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Pablo Picasso

"El pintor ya no necesita preocuparse de detalles insignificantes, para ello está la fotografía que lo hace mejor y más rápido."
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H. Matisse
Las telas de los cuadros de Matisse (1869-1954) reflejan su profundo deslumbramiento por las texturas con estampados de flores, rayas y arabescos.
Las tramas profusamente ornamentadas y los trajes típicos de países como Marruecos y Rumanía fueron su fuente de inspiración, según revelan sus "odaliscas".
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La fascinación de Matisse por las telas venía desde su infancia, pues su familia trabajaba en la industria textil al noreste de Francia, y esto se reflejó en sus primeras pinturas, una serie de naturalezas muertas con manteles.
En una de sus últimas entrevistas, Matisse dijo que los textiles de la serie de odaliscas eran "tan importantes" como las modelos, y por la evolución de su obra, que culminó con sus "recortes" de papeles de colores en formas florales y geométricas, pareciera que el diseño logró predominar frente a la figura humana.
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Para él el color es el que da entidad a la pintura, el color puede desempeñar el papel de dibujo, de perspectiva, de sombra, de volumen.
Observa que la vida es color y lo plasma en su pintura. La supresión de sombras y su sustitución por colores puros hace que la pintura brille más que nunca. Matisse dibuja con el color y lo distribuye en el espacio de modo que éste quede sugerido sin que se produzcan las deformaciones de la perspectiva.

Matisse trabaja a base de amplias áreas de color, mostrándose con ello heredero de Gauguin. La pintura se hace presente a través del grumo y del empaste, sentimos la pintura como materia. La mancha plana de color provoca en nosotros un valor plástico y figurativo.
Matisse construye sobre el color.
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"Con los colores se pueden conseguir efectos encantadores
basta que se junten o se alejen..."
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La pintura de Matisse llegó a ser -y no sólo a aparecer- como una expresión directa de la vida sensible. La pintura viene del contacto de los sentidos con el mundo y aparece como una respuesta que el artista formula usando un lenguaje cuyo elemento central es el color.
Para Matisse, lo esencial es justamente el elemento cromático de la pintura, es decir, la vitalidad de lo sensible

El Salón de Otoño de 1905 que se celebró en París se vio sacudido por un terremoto de luz y color: una de sus salas se reservó para un grupo encabezado por Matisse, Derain y Vlaminck.
Los lienzos que presentaron ostentaban, orgullosos, gamas cromáticas estridentes y agresivas, hasta tal punto que de allí salieron como el grupo de los Fauves, que en francés significa "las fieras".
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